Ojalá

Ojalá no hubiera dejado nunca de dibujar manos con seis dedos, princesas calvas y casas fantásticas de mil pisos. Ojalá parte de mi creatividad, de mi imaginación y de mi mente soñadora me hubiera acompañado unos años más y no hubiera quedado limitada a mi infancia.
Ojalá aquel profesor de castellano del instituto no me hubiera puesto un 3 en la redacción de la cual yo estaba tan orgullosa. Ojalá no hubiera tenido que escuchar nunca su argumento: “eres demasiado creativa y estás aquí para aprender”.
Ojalá aquel novio no hubiera confundido mis pilares para que una relación funcione –compañerismo, sinceridad, confianza, dinamismo y creatividad– con estupidez. Ojalá no me hubiera arrebatado parte de mi inocencia enseñándome que se puede mentir en la cara.
Ojalá nunca me hubieran juzgado injustamente por cómo vestía, por cómo iba peinada o por el tono de mi voz. Ojalá lo hubieran hecho por cosas que me hubieran escuchado decir y no por mi aspecto. Ojalá no lo hubiera hecho yo con los demás. Ojalá no hubiera criticado a nadie; ojalá no hubiera estado tan aburrida como para hacerlo.
Ojalá no hubiera, tantas veces en la adolescencia, imitado a los demás. Ojalá no hubiera necesitado tantas veces la mirada de aprobación de los demás. Ojalá no me hubiera puesto límites.

***

Ojalá me hubiera atrevido a decir “no” y ojalá hubiera dicho “sí” en más ocasiones; ojalá hubiera aprendido antes a dejarme llevar. Ojalá nunca hubiera dicho “ojalá” lamentándome; ojalá hubiera agradecido a tiempo cada enseñanza.
Ojalá me hubiera dado cuenta antes de que no soy las etiquetas, los filtros, los prejuicios y las inseguridades que los demás volcaron en mí y contra mí: soy todo lo demás, soy lo que depende de mí, soy la respuesta que doy y con la sonrisa que respondo. Soy el orgullo por esa redacción de instituto y no la nota que obtuve. Soy una mujer que sigue buscando compañerismo, sinceridad, confianza, dinamismo y creatividad en una pareja. Soy la hermana que nunca limita, corrige ni cuestiona la creatividad, la imaginación y la visión del mundo de una niña de 6 años. Soy la que siente miedo todavía cuando la miran con desaprobación, pero soy la que más segura se siente con la imagen que me devuelve el espejo a diario: me gusta cómo me apruebo, cómo me atrevo y cómo me pongo a prueba, cómo me río, cómo aprendo y, sobre todo, cómo me divierto en el camino.

Advertisements